Fernández: “Tenemos que reconstruir un mundo distinto”

Politica 07 de noviembre de 2021 Por Redacción
A una semana de las elecciones, en exclusivo con Télam, el presidente evaluó que la pospandemia debe propiciar un debate ético sobre la desigualdad y advirtió que América Latina debe encaminarse a reconquistar la unidad perdida.
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El presidente Alberto Fernández, luego de su participación en la Cumbre de G20 en Roma junto a los principales líderes del planeta, y la Cumbre en Glasgow, Escocia. Pensar el futuro pospandemia y realizar un balance sobre el viaje, al que calificará como satisfactorio a lo largo de la hora de entrevista, serán los primeros puntos de una amplia agenda de temas que el presidente analizará ante la agencia oficial.
 
Lo que uno descubre cuando sale de la Argentina y habla con líderes de otras latitudes es que en todos lados se vive más o menos lo mismo. En momentos en que el tiempo transcurrido permite una cierta mirada retrospectiva, aparecen los efectos en la mayor parte de las sociedades que vieron la pandemia como una amenaza semejante a una guerra. Una amenaza similar a que una bomba cayera sobre el techo de sus casas, o que al salir a la calle una bala les cruzase la cabeza. Todo eso era pensado desde un virus que podía entrar a las casas o contagiar con solo andar por la calle. Esa sensación, poco a poco, fue condicionando el estado anímico de la gente.

Cuando la pandemia empezó a superarse por efecto de la inmunidad lograda por la vacunación, quedó la impresión de que aún a muchos les cuesta entender cómo es el mundo que emerge de la pospandemia. Creo que en parte se vive como una posguerra. Hay un sentimiento de sobrevivencia. Y está claro que en una Argentina que ha tenido 115.000 muertes ocasionadas por una sola causa, ese sentimiento es comprensible.

Me parece que lo que el mundo tiene hoy es desánimo por tanta muerte y dolor, a lo que se suman los efectos en la economía. Todas las economías del planeta cayeron. Todas, absolutamente todas. Y la recuperación tiene ritmos desiguales. En algunos lugares es muy rápida. Nuestra recuperación económica, por ejemplo, debe ser de las más rápidas del mundo. Pero no ha llegado a todos y hay gente que todavía no siente esa mejora. Y entonces hay una parte de los argentinos desanimados. Al igual que canadienses desanimados, como me contaba Trudeau (Justin, Primer Ministro de Canadá); o Macron (Emmanuel, Presidente de Francia) en cuanto a los franceses; o Merkel (Angela, Canciller de Alemania), y Pedro Sánchez (Presidente de España)  La esposa de Biden (Joe, Presidente de los EE.UU.),  me describía el mismo sentimiento en Estados Unidos, al que hay que agregar una cultura más reacia a vacunarse. 

Por lo pronto, tenemos una sociedad con un ánimo muy alterado, acá y en todas las latitudes. Y eso hay que entenderlo. Confieso que en el vértigo en el que nos metió la pandemia, no advertí que eso pudiera pasar. No advertí la magnitud del fenómeno en personas que fueron sobreexigidas por la pandemia. Por ejemplo, mujeres madres que tuvieron que afrontar cargas enormes, repartiéndose entre el trabajo y sus hijos, que además no podían asistir a los colegios. El trabajo y esfuerzo que hicieron fue inmenso. Y siento que, tal vez, no lo advertimos. Esa es la palabra exacta. Me apena porque debimos haberle prestado otra atención a ese problema. Pocos advirtieron el enorme impacto psicológico que traería aparejado la pandemia. Creo que en el presente, con la caída de los contagios y la recuperación económica, han renacido las ganas, la confianza y la esperanza en un presente y un futuro mejor.

 -La reciente Cumbre del G20 mostró a los principales líderes con preocupaciones que los empuja a reformular algunas estrategias y discursos. Si el modelo de globalización conducido por la lógica financiera de la economía ya estaba en crisis,  la pandemia marcó claramente sus límites. ¿Cómo imagina la reconstrucción de este mundo? ¿Es posible la esperanza, la construcción de nuevas utopías?

- En verdad, el debate central que el mundo debe llevar adelante, y que yo planteé en todos mis discursos, es un debate ético. Desde qué ética queremos reconstruir el mundo. Lo que dejó al descubierto la pandemia es la desigualdad a nivel planetario. Una mañana nos despertamos y un virus que era imperceptible al ojo humano era capaz, no sólo de arrancar millones de vidas, sino también de dar vuelta economías. De repente, nos encontramos que empresas de la talla de Lufthansa necesitaron del auxilio del Estado para poder sobrevivir. O Alitalia, que terminó cerrando. Hemos visto una crisis económica de tal magnitud. Y fundamentalmente, lo que deberíamos replantearnos es esa lógica que se impuso en el mundo de privilegiar lo financiero por sobre lo productivo. En gran parte, semejante desigualdad nace el día que el capitalismo le prestó más atención al gerente financiero que al de producción. Ese debate ético es el debate que está y que no todos abordan, porque hay un mundo que resiste ese cambio. Wall Street resiste ese cambio. El conservadurismo americano resiste ese cambio. Después, hay miradas políticas que tienen vocación de ampliar esos horizontes, como Macron en Francia o Merkel en Alemania. Pero hay intereses en pugna, claramente, para que todo siga igual. 

¿Cuán difícil es ser presidente en una Argentina y un mundo con poderes tan concentrados?

Entiendo que es difícil, pero yo sabía que este era el escenario, por lo tanto no me puedo quejar. Estas eran las reglas y el partido que tenía que jugar. Lo único que sí admito, por supuesto, es que nunca pensé que iba a llegar una pandemia. Dónde están los poderosos y cómo actúan sus intereses, dónde estamos parados y qué intereses defendemos, y cuánto nos va a costar cada pelea, todo eso lo tenía calculado. Lo que no tenía calculado fue la pandemia. Nosotros tenemos que reconstruir un mundo distinto. No tiene sentido volver a lo mismo después de tanto dolor y pesar.

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